Crítica

APRECIACIONES DE POETAS A LA OBRA DE ILIANA GODOY
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Bañuelos Labastida Montes de Oca González Rojo
Otto-Raúl González Rubén Bonifaz Nuño Eduardo Molia y Vedia
Teresa Guarneros Guillermo Pousset Banda Elvia de Angelis
Laura Yasan Patrick Johansson Marino Wilson Jay
Norma Lorena Wanless Aralia López Carmen Nozal
   

Respecto al libro Mástil en tierra, ganador del Premio Luis Cernuda, Ciudad de Sevilla, 1986, el poeta Rubén Bonifaz Nuño, escribe a Iliana Godoy:

La leccion mayor, la que, para mí, ilumina el conjunto de su libro, es la de la libertad.
"Nada debo" nos dice usted; es por tanto libre de morir, y esa libertad de morir le otorga, por sí sola, la máxima libertad en la vida, que, a salvo del temor a la muerte, se le entrega y se le abre en abanico de rumbos sin término, en muchedumbre de "mares no surcados" que se extienden propicios ante su ansiedad constante, ante ese amor que usted nos muestra como obigatoriamente pepetuo.

El poeta Juan Bañuelos, comenta, a raíz del libro Mástil en tierra, Premio Luis Cernuda 1986:

Mástil en tierra es, entre otras cosas, la transcripción de una tentativa, por momentos grandiosa, de englobar al hombre contemporáneo en la dialéctica que exige nuestra existencia social, desde el escándalo de la calle, hasta el mundo más personal y subjetivo, reto que la poesía de Iliana Godoy revela como una exigencia hecha lenguaje.

El poeta Marco Antonio Montes de Oca, acerca del libro Seducir a la muerte, publica en Excelsior lo siguiente :

La vida seduce a la muerte aunque a veces el amor devore su propia tumba. Hay tanta oscuridad como la que necesitan las estrellas. El tiempo es la merced de la eternidad, como asegura Blake.
Iliana Godoy pretende seducir a la muerte, lo consigue mediante el poema. Así funda el entusiasmo a pesar de todo porque la sostiene la energía del canto. Su concepción, contraria a la de Pavese, no le permite resignarse a ser una creatura del tiempo.

El poeta español Rafael Soto Vergés, escribe en Madrid, acerca de la poesía de Iliana Godoy:

Su temblor existencial, su sensualismo fuerte y filosófico, su incontenido credo libertario, restallan en sus libros como una llamarada entre el placer y el dolor, el deseo y la noche, la impudicia y la muerte. Y todo ello se produce como una orquestación donde el lenguaje, tumultuoso y rítmico, bellísimo y terrible, se abre y se derrama como una leche ácida, o un tumulto de flores, hacia el vasto dominio de lo oscuro.

Reseñas

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